Empezó con unos abuelos que ya no querían estar solos. Hoy es una cadena de esperanza para quienes el mundo dejó atrás.
Donde todo comenzó
A cuarenta minutos de Ciudad Juárez, en el poblado de San Agustín, vivían unas 800 personas. La mayoría eran adultos mayores. Para ellos, la distancia no se medía en kilómetros, sino en soledad: hijos que se habían ido, visitas que dejaron de llegar y días enteros sin que nadie preguntara cómo estaban.
Ahí, un pequeño grupo de abuelos empezó a reunirse. No tenían recursos ni un plan. Tenían algo más urgente: no querían seguir estando solos.
Se sentaban juntos, compartían sus historias y, poco a poco, volvieron a sonreír. Así nacieron los primeros Círculos del Adulto Mayor, espacios donde la amistad empezó a ganarle terreno a la tristeza, a la depresión y al aislamiento.
Nadie lo sabía todavía, pero en esas reuniones estaba naciendo algo mucho más grande.
2017: Un hogar para los olvidados
Mientras Juárez crecía, crecía también una realidad que pocos querían ver: hombres y mujeres que trabajaron toda su vida, que criaron hijos y sostuvieron familias, terminaban sus últimos años en el abandono, la violencia o el desamparo.
Algunos llegaban después de sufrir maltrato. Otros no tenían a nadie que respondiera por ellos. Muchos necesitaban algo que ninguna medicina puede dar: un hogar, una mano que los sostuviera y alguien que les recordara que su vida todavía vale.
En 2017 respondimos a ese llamado y constituimos legalmente el Asilo de Ancianos Desamparados, A.C., dedicado por completo a proteger y cuidar a los adultos mayores más vulnerables.
Lo que había empezado como un círculo de amigos se convirtió en un refugio. En nuestra etapa de mayor actividad llegamos a atender a más de 150 adultos mayores cada mes, con alimentación, alojamiento, atención médica, terapia física y, sobre todo, cariño y dignidad.
2020: La prueba más dura
Luego llegó la pandemia.
Nuestros residentes estaban entre las personas con mayor riesgo. Cada día necesitaban más atención médica y cada día había menos manos para dársela. Conseguir un hospital era casi imposible. Faltaba personal y faltaban servicios médicos. Algunos cuidadores, por miedo al contagio, dejaron de venir.
Fueron días de miedo, de agotamiento y de despedidas. Hubo pérdidas que todavía nos duelen, y nuestra casa quedó con muchos menos residentes de los que teníamos.
Pero aun en medio del dolor hubo algo que nunca se rompió: no abandonamos a quienes nos necesitaban. Y fue justo ahí, en el momento más oscuro, cuando entendimos que nuestra misión tenía que llegar todavía más lejos.
Punto Zero: el dolor que nadie ve
La pandemia no solo enfermó cuerpos. El encierro, el aislamiento y las pérdidas dejaron heridas en la mente y en el alma.
Así descubrimos otra realidad que casi siempre permanece invisible: personas que viven con enfermedades mentales o condiciones psiquiátricas y que no reciben atención porque el tratamiento cuesta demasiado o porque no tienen una familia que las apoye.
Por ellas nació Punto Zero, un espacio que ofrece atención y cuidado gratuitos a personas adultas que enfrentan estas condiciones.
Nadie debería ser olvidado por cargar una enfermedad que otros no pueden ver ni comprender.
Una cadena que no podía detenerse
Con los años, el camino nos llevó a otras puertas. Familias en las orillas de Juárez que no tienen qué poner en la mesa. Niños que crecen sin un hogar seguro. Personas que pasan el invierno sin una cobija. Adultos sin un lugar donde dormir. Jóvenes que cumplen 18 años y, de un día para otro, se quedan sin nadie.
No podíamos mirar hacia otro lado. Por eso ampliamos legalmente nuestra misión y adoptamos un nuevo nombre: Cadena de Ayuda para los Más Pobres, A.C.
No fue solo un cambio de nombre. Fue la respuesta natural a un dolor que crecía frente a nosotros. El Asilo de Ancianos Desamparados y Punto Zero se integraron a esta nueva estructura, junto con nuevos programas para proteger, alimentar, cuidar y abrir oportunidades a quienes más lo necesitan.
El llamado sigue siendo el mismo que Dios puso en nuestro corazón desde el principio: servir, amar y tender la mano a quienes el mundo ha olvidado.
Desde Juárez, para todo el que llega
Estamos en Ciudad Juárez, pero a nuestra puerta llegan personas de todo México.
Incluso hemos recibido a residentes de Estados Unidos: padres y madres que fueron dejados en México por sus propios hijos, lejos de su casa, de su idioma y de su gente.
Aquí no preguntamos de dónde vienen. Solo preguntamos qué necesitan.
Sharing With The Poorest, Inc.
Para que amigos y donantes en Estados Unidos también puedan ser parte de esta cadena, existe Sharing With The Poorest, Inc., una organización sin fines de lucro reconocida por el IRS bajo la sección 501(c)(3), con sede en El Paso, Texas (EIN 61-2341423).
Sharing With The Poorest, Inc. y Cadena de Ayuda para los Más Pobres, A.C. son organizaciones legalmente independientes que comparten el mismo llamado. Los donativos que se hacen en este sitio los recibe Sharing With The Poorest, Inc., y su consejo directivo decide cómo se usan para cumplir sus fines caritativos, incluido el apoyo a programas que sirven a personas necesitadas en Ciudad Juárez.
Nuestros programas
Asilo de Ancianos Desamparados. Nuestras raíces. Protección y cuidado integral para adultos mayores que sufren abandono, maltrato o falta de apoyo familiar: alimentación, alojamiento, asistencia y compañía.
Punto Zero. Atención y cuidado gratuitos para personas adultas con necesidades de salud mental y condiciones psiquiátricas, sobre todo para quienes no tienen recursos ni apoyo para recibir tratamiento.
Pan de Vida. Visitamos colonias de escasos recursos para entregar despensas, ropa, cobijas y artículos de primera necesidad. También celebramos con las familias fechas como el Día del Niño y la Navidad, para llevar alegría a donde casi nunca llega.
La Nueva Creación. Un lugar de protección y acogida para niñas, niños y adolescentes en abandono o desamparo, donde puedan crecer seguros, escuchados, respetados y amados.
Vida 360. Cumplir 18 años no significa dejar de necesitar ayuda. Acompañamos a los jóvenes que egresan de nuestro albergue con educación gratuita, vinculación laboral y vivienda compartida, para que construyan un futuro estable, independiente y con esperanza.
Esta historia todavía se está escribiendo
Todo empezó con unos abuelos que no querían estar solos. Hoy es una cadena que alcanza a niños, jóvenes, adultos y ancianos de muchas partes.
Hemos visto de cerca el abandono, el hambre, la enfermedad y la pobreza. Hemos pasado por momentos en que parecía imposible seguir. Y aprendimos que ayudar no siempre es tener todas las respuestas: muchas veces es simplemente quedarse al lado de quien sufre.
Porque nadie debería enfrentar solo el abandono, el hambre, la enfermedad o la falta de oportunidades.
Cada eslabón de esta cadena es una persona que decidió no mirar hacia otro lado. Hoy te invitamos a ser el siguiente. Tu donativo se convierte en un plato en la mesa, una cobija en una noche fría y una mano en el hombro de alguien que creía que ya nadie vendría.
Nuestra historia comenzó acompañando a quienes estaban solos. Contigo, puede seguir llegando a quienes todavía esperan.